Concepción Martínez, conocida como Conchi, dejó su trabajo como bombera forestal en Madrid para emprender en Bustarviejo. Hoy es maestra quesera en La Caperuza, un proyecto que apuesta por la ganadería extensiva y la venta directa de productos lácteos y cárnicos.
Hace quince años, Concepción Martínez, Conchi, tomó una decisión que cambiaría su vida. Bombera forestal en la capital, eligió mudarse a Bustarviejo, un municipio de la Sierra Norte de Madrid con menos de 3.000 habitantes. Allí, junto a dos socios, fundó una ganadería en extensivo que, con el tiempo, se convirtió en La Caperuza, una quesería artesanal que ya produce quesos y yogures con leche de su propio rebaño.
“Siempre me gustó el campo. Todos los fines de semana salía a la montaña, a ver los valles y los pueblos de la región”, recuerda Conchi. “Al ser madre, decidí que la ciudad no era el sitio donde criaría a mis hijos. Quería otros ritmos, otras ventajas”. Aunque continuó varios meses en el cuerpo de bomberos, pronto entendió que debía dar un paso al lado y cambiar su trayectoria profesional.
El punto de inflexión llegó al observar los recursos del pueblo. “Viendo los recursos que había en el pueblo, decidimos emprender montando una ganadería en extensivo”, explica. La iniciativa se apoyó en la tradición ganadera de la zona. “Este pueblo siempre tuvo mucha carga ganadera, aunque había desaparecido en los últimos años. A esto le sumamos que teníamos la posibilidad de acceder al monte público de la organización ganadera. Partimos de un inicio bastante bueno porque nos reducía los insumos, que eran en gran parte la propia vegetación”.
El proyecto, que arrancó con pocos animales, ha crecido hasta contar con un rebaño de casi 250 cabezas. Para Conchi fue clave estudiar los precios de mercado y la economía del sector en España. “Nos propusimos revalorizar el producto y ser lo más independientes posible”, afirma. Así nació la quesería, que abrió sus puertas en 2015.
Sin embargo, el camino no fue fácil. Los dos socios iniciales se desvincularon del proyecto “por falta de ingresos”. Fue entonces cuando apareció Laura, veterinaria de profesión, que se encarga de la parte ganadera. Conchi, por su parte, lidera la transformación del producto. “Me he formado en elaboración de lácteos, el tema normativo y los paquetes higiénico sanitarios. Soy la maestra quesera de Bustarviejo. Fabricamos quesos y yogures de varios tipos, con coagulaciones lácticas y enzimáticas”, detalla.
La Caperuza no solo vende sus productos, sino que organiza jornadas de puertas abiertas para mostrar la producción sostenible. “Cuando le muestras a la gente lo que cuesta producir un litro de leche o que para hacer un solo queso son necesarios siete litros de leche, que también ha de tener un precio justo, entienden la importancia”, señala Conchi.
El rebaño, pastando en semilibertad, contribuye además a la prevención de incendios forestales al eliminar la vegetación más frondosa. “Se trata de aportar en vez de restar, de producir algo que minimice la huella que podamos dejar en el planeta”, subraya.
Para Conchi, el proyecto representa un compromiso con la soberanía alimentaria. “Los pequeños ganaderos están desapareciendo y todos los días se pierde terreno fértil que nos da de comer. Las cosechas se convierten en huertos solares o aerogeneradores. La gente no es consciente de que estamos perdiendo la soberanía alimentaria nacional, que solía ser importante. Cada vez más productos vienen del exterior. Cuando los agricultores y los ganaderos desaparezcan, tendremos un problema”, advierte.
Conchi y Laura son un ejemplo de mujeres que trabajan en el sector primario, un ámbito tradicionalmente masculinizado. “Las mujeres en el campo han existido siempre”, reivindica Conchi, que anima a otras a emprender en el medio rural. La Caperuza sigue creciendo, con la vista puesta en consolidar un modelo de producción respetuoso con el entorno y que acerque al consumidor el valor real de los alimentos.

