Luis Eduardo y Miriam Yolanda León, originarios de Venezuela, llegaron a Pinto hace cinco años y hallaron en la parroquia Santo Domingo de Silos y el movimiento Vida Ascendente un hogar espiritual. La diócesis celebra este domingo la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores.
Hace cinco años que Luis Eduardo y Miriam Yolanda León dejaron Venezuela para empezar de cero en Pinto. Lo que no sabían entonces es que, al llegar, encontrarían una comunidad que los acogería como familia. Hoy, este matrimonio de abuelos es un ejemplo vivo de cómo la fe y la entrega de los mayores pueden transformar vidas.
La parroquia Santo Domingo de Silos, en Pinto, fue el lugar donde todo empezó. “Un sacerdote me dijo que era Dios quien nos había traído hasta aquí”, recuerda Luis Eduardo. Esas palabras marcaron un antes y un después. Pocos días después de instalarse en la localidad, se incorporaron al movimiento Vida Ascendente, una iniciativa diocesana que reúne a personas mayores para compartir la fe y la experiencia.
“Hemos encontrado una familia”, aseguran ambos. Cada reunión de Vida Ascendente se convierte para ellos en un espacio de escucha, diálogo y reflexión sobre la Palabra de Dios, donde cada participante comparte su vivencia. Ese acompañamiento les ha permitido fortalecer su propia vida espiritual y afrontar con esperanza los cambios que supuso emigrar.
La diócesis celebra este domingo 26 de julio la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, coincidiendo con la festividad de san Joaquín y santa Ana. El Papa León XIV, en su mensaje para esta jornada, recuerda que los mayores son “testigos de la fe, transmisores de la memoria y protagonistas de la esperanza”. Una misión que Luis Eduardo y Miriam intentan vivir cada día con sus tres hijos y sus tres nietas.
Su historia familiar está marcada por un acontecimiento que fortaleció su confianza en Dios: la curación de su nieta mayor, diagnosticada de un sarcoma cuando era niña. “Nuestro hijo, que es médico, nos dijo: ‘No penséis nunca que no fue un milagro de Dios’”, relata Luis Eduardo. Aquello transformó su fe: “Antes vivíamos la fe de una manera más superficial; ahora sabemos el gran regalo que es la Palabra de Dios”.
Con los años, esa fe ha echado raíces en las nuevas generaciones. Sus hijos contrajeron matrimonio por la Iglesia y una de sus nietas celebró la Primera Comunión. Para ellos, la mejor forma de transmitir la fe a los nietos es vivir de manera coherente el Evangelio. “En mi casa todos los días se reza el Rosario. Cuando estaban mis hijos lo rezábamos juntos y ahora también cuando están mis nietas”, explica Luis Eduardo.
La oración familiar se ha mantenido incluso con la distancia. “La nieta que está en Alemania reza con nosotros. Habla perfecto español y siempre ha estado muy unida a esta tradición”, cuenta. Para este matrimonio, la fe se transmite sobre todo desde el ejemplo: “Es la única manera con ellos: con el ejemplo”.
El Papa invita este año a superar la cultura del descarte y a reconocer la riqueza espiritual que aportan las personas mayores. Luis Eduardo y Miriam comparten esa llamada. “Nuestra experiencia de vida puede ayudar a otras personas. Podemos transmitir esperanza, acompañar, escuchar y mostrar, con nuestra propia historia, cómo Dios nunca abandona”, afirman.
Vida Ascendente, el movimiento al que pertenecen, hace posible esa misión al ofrecer un espacio donde los mayores se sienten escuchados y llamados a seguir evangelizando. En Pinto, esta pareja venezolana ha demostrado que la edad no es un obstáculo, sino una oportunidad para seguir construyendo comunidad.

