El fuego que ha arrasado parte de la sierra oeste de Madrid ha amenazado el Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de Robledo de Chavela y la estación de la ESA en Cebreros. Las primeras inspecciones confirman que las antenas y edificios están intactos.
Las llamas que durante los últimos días han devorado cientos de hectáreas en la sierra oeste de Madrid llegaron a rodear dos de las instalaciones científicas más importantes del mundo: el Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de Madrid, gestionado por la NASA y el INTA en Robledo de Chavela, y la estación de seguimiento de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Cebreros (Ávila). Tras la tensión de las últimas horas, las primeras evaluaciones confirman que ninguna de las dos ha sufrido daños estructurales relevantes.
En el caso del complejo de Robledo de Chavela, el fuego afectó principalmente al pavimento y a la vegetación de los alrededores, pero las enormes antenas parabólicas y los edificios técnicos permanecen intactos. En Cebreros, la situación fue aún más favorable: las llamas no llegaron a penetrar en el recinto y las comunicaciones nunca se interrumpieron. La buena noticia llega después de varios días de máxima alerta, durante los cuales la NASA evacuó a cerca de un centenar de trabajadores el viernes ante la proximidad del fuego.
Los servicios de emergencia desplegaron un amplio dispositivo para proteger una infraestructura considerada estratégica. Durante varias horas, las gigantescas antenas quedaron expuestas al avance de las llamas y a unas condiciones meteorológicas adversas, con fuertes rachas de viento que dificultaban el control del incendio. La situación llegó a ser límite, pero el operativo logró contener el fuego antes de que alcanzara los equipos.
La Red de Espacio Profundo (DSN) está diseñada para soportar emergencias. Mientras el acceso a la estación madrileña permanecía restringido por seguridad, la NASA trasladó automáticamente el seguimiento de sus misiones a las estaciones hermanas de Goldstone (California) y Canberra (Australia). Ese sistema de respaldo permitió que las comunicaciones con las naves espaciales continuaran sin interrupciones, un aspecto fundamental cuando se gestionan sondas situadas a millones de kilómetros de la Tierra.
El complejo de Robledo de Chavela forma parte de la Deep Space Network, una red global formada únicamente por tres grandes estaciones distribuidas estratégicamente alrededor del planeta para garantizar contacto permanente con las misiones espaciales. Desde Madrid se mantienen comunicaciones con numerosas sondas científicas y con algunos de los proyectos más ambiciosos de exploración del Sistema Solar. Una interrupción prolongada habría obligado a redistribuir durante semanas una enorme carga de trabajo entre las otras dos estaciones de la red.
La estación de la ESA en Cebreros desempeña una función igualmente relevante. Desde sus antenas se siguen misiones como Mars Express, que continúa estudiando Marte dos décadas después de su lanzamiento; BepiColombo, en ruta hacia Mercurio; Solar Orbiter, encargado de investigar el Sol; Juice, camino de las lunas heladas de Júpiter; Hera, la misión europea de defensa planetaria, o el telescopio Euclid, destinado a profundizar en el estudio de la materia y la energía oscuras. La continuidad de todas ellas dependía, en buena medida, de que la infraestructura resistiera el avance del fuego.
El episodio también pone de manifiesto la estrecha cooperación internacional que existe detrás de la exploración espacial. La NASA agradeció expresamente el trabajo realizado por los servicios de emergencia españoles, así como por los ministerios de Defensa, Interior y Ciencia, cuya actuación permitió proteger unas instalaciones que no solo pertenecen al patrimonio científico español, sino que forman parte de una red crítica para la investigación internacional. La ESA lanzó un mensaje similar al reconocer la labor de los equipos que trabajaron en condiciones extremadamente difíciles para impedir que el incendio alcanzara la estación de Cebreros.
Pese al alivio inicial, la situación todavía obliga a mantener la prudencia. Las autoridades continúan realizando inspecciones conforme las condiciones de seguridad lo permiten y el acceso a determinadas zonas sigue restringido. La propia NASA ha subrayado que las evaluaciones continuarán durante los próximos días para descartar cualquier daño oculto que pudiera afectar a la operatividad futura del complejo.
Más allá del balance inmediato, el incendio deja una reflexión inevitable sobre la vulnerabilidad de infraestructuras científicas que, aunque alejadas del foco mediático, desempeñan un papel esencial en la investigación espacial. En una época marcada por el incremento de fenómenos extremos y grandes incendios forestales, proteger este tipo de instalaciones se convierte en una cuestión que trasciende el ámbito local y adquiere toda una dimensión internacional.

