La Comunidad de Madrid encabeza la clasificación europea de esperanza de vida con 85,7 años, superando en más de cuatro años la media de la UE. La combinación de una ciudad caminable, transporte público eficiente y vida social activa son algunas de las claves.
Con 85,7 años de esperanza de vida, la Comunidad de Madrid se sitúa a la cabeza de Europa, según el último informe de Eurostat. La media de la Unión Europea se queda en 81,5 años, lo que supone una diferencia de más de cuatro años a favor de los madrileños.
Detrás de este liderazgo no hay una única receta, sino la suma de varios factores que convierten a la región en un lugar excepcional para envejecer. El urbanista Greg Clark, experto en ciudades, lo explica: “La cultura, la dieta, la sanidad, un buen equilibrio entre ocio y hábitos, una vida activa y social, además de muchas horas de sol y vivir en una ciudad que invita a caminar”.
Una ciudad que se recorre a pie
Madrid permite resolver gran parte de las necesidades cotidianas sin necesidad de coche. Según datos de la comunidad, los madrileños realizan cerca de 11 millones de desplazamientos diarios con una distancia media de unos tres kilómetros. Eso significa que ir a comprar, al trabajo o quedar con amigos se hace andando o en transporte público.
La red de metro, con más de 300 kilómetros, es una de las más extensas y eficientes de Europa, comparable a la de Londres o París. Además, la ciudad cuenta con más de 6.400 hectáreas de zonas verdes públicas, lo que supone más de 20 metros cuadrados de espacio verde por habitante. Parques como el Retiro o la Casa de Campo son escenarios cotidianos para caminar, hacer ejercicio o simplemente relajarse.
Vida social y diversidad, claves de la longevidad
La vida en la calle es otro de los pilares. Madrid está diseñada para ser vivida al aire libre, con terrazas, mercados y plazas que fomentan el encuentro. A eso se suma el carácter abierto de una ciudad donde aproximadamente el 25% de los residentes no ha nacido en la Comunidad de Madrid, según el INE. Esta diversidad cultural contribuye a una red social rica y estimulante.
Greg Clark subraya que “las ciudades pueden diseñarse para mejorar la salud de sus habitantes” y que Madrid es un ejemplo de cómo el espacio público y privado se combinan para favorecer una vida activa. La dieta mediterránea, el clima con muchas horas de sol y un sistema sanitario de calidad completan el cuadro.
Para el vecino de Madrid, esto se traduce en una realidad tangible: más años de vida con buena calidad. La esperanza de vida en la región supera ya los 85 años, y todo apunta a que seguirá creciendo. Mientras tanto, Juana, a sus 91 años, sigue bajando cada mañana a comprar el pan. “Mientras pueda andar, aquí sigo”, dice.

