El párroco de San Miguel Arcángel, José Antonio Buceta, celebró una eucaristía no prevista en el polideportivo de Las Rozas, donde se alojan centenares de personas desalojadas por el fuego que asola el suroeste de Madrid.
Entre colchones, maletas y la angustia de haberlo dejado todo atrás, medio centenar de evacuados por los incendios que azotan el suroeste de la Comunidad de Madrid encontraron este domingo un momento de paz en el polideportivo de Las Rozas. Allí, sin previo aviso, el párroco de San Miguel Arcángel, José Antonio Buceta, ofició una misa que surgió casi como un gesto espontáneo, tras comprobar que las necesidades materiales ya estaban cubiertas.
“Vi que iban muy bien de voluntarios, de comida y de todo lo necesario. Entonces pensé: yo no tengo otra cosa que ofrecer, ¿por qué no ofrecer la misa?”, explica el sacerdote. Tras hablar con el alcalde y los concejales del municipio, la celebración se fijó para las doce del mediodía.
La fecha coincidió con el Día Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, una jornada especialmente significativa en un pabellón donde muchos de los evacuados pertenecen precisamente a esa generación que aún permanecía en los pueblos afectados por el fuego, como Colmenar del Arroyo, Robledo de Chavela y Pelayos de la Presa.
Entre los asistentes se encontraba, de forma discreta, el seleccionador nacional de fútbol, Luis de la Fuente, vecino de Las Rozas. Pero el verdadero protagonismo lo tuvieron quienes llegaron “con la incertidumbre de no saber qué encontrarán cuando puedan regresar”, según relata Buceta.
Durante la homilía, el sacerdote invitó a los presentes a “poner todo su cansancio y toda su angustia en el altar para entregárselo al Señor”. A partir del Evangelio del día —el del tesoro escondido y la perla de gran valor— les propuso descubrir que, incluso en medio de la tragedia, el amor sigue haciéndose presente. “Les animé a fijarse en ese amor que aparece de forma escondida, como el tesoro o la perla, y que hoy se está viendo en la solidaridad de tanta gente, en la caridad de tantas personas que están ayudando”, explica.
“Él, en medio de todo lo que perdemos en la vida, es ese tesoro que no perdemos nunca. Porque es fiel y misericordioso”, añadió el presbítero, que invitó a los asistentes a descubrir su presencia “en la caridad y solidaridad de las personas”.
Tras la celebración, Buceta se acercó a hablar con los evacuados. “Me di cuenta de que lo que necesitaban era un abrazo”, recuerda. “Muchos no sabían todavía el estado de sus viviendas. Otros hablan con preocupación del ganado o de los animales que tuvieron que dejar atrás durante la evacuación. Uno me decía: ‘¿Qué habrá pasado con mis gallinas?'”, relata.
“Afortunadamente no han perdido a ningún familiar, pero sí viven con la incertidumbre de haber dejado atrás toda una vida. Lo que necesitaban era sentir el abrazo de la Iglesia, el abrazo del Señor, saber que alguien estaba allí con ellos”, añade el sacerdote.
La coincidencia con la Jornada Mundial de los Abuelos dio un significado especial a la celebración. “Había muchos mayores. Después de tres días en el polideportivo se sentían un poco desorientados”, explica Buceta, que agradeció públicamente “su fidelidad, su amor y el ejemplo que han dado durante toda la vida”. “Alguna abuelita echaba alguna lagrimilla”, recuerda.
Buceta reconoce que una de las imágenes que más le ha impresionado estos días ha sido la respuesta de la sociedad. “Desde el primer minuto la gente se ha ofrecido para todo. Hay tantos voluntarios que, en muchos momentos, casi ha habido que decirles que ya no hacía falta más ayuda”. Lejos de interpretarlo como algo excepcional, cree que esa reacción revela lo mejor de las personas. “Hay un deseo enorme de darse, de apoyar y de acompañar. Es una cosa espectacular”, concluye.
Los evacuados continúan en el polideportivo a la espera de que las autoridades permitan el regreso a sus hogares, una vez que los incendios, que han arrasado miles de hectáreas en el suroeste de la región, queden completamente controlados.

