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Más de 400 evacuados por el incendio en el suroeste de Madrid se refugian en un pabellón de Móstoles

El pabellón Paco Sedano de Móstoles acoge a 400 evacuados por el incendio forestal del suroeste de Madrid, principalmente de Fresnedillas de la Oliva y Cadalso de los Vidrios.

Naia ValverdeNaia Valverde· · 4 min de lectura

El pabellón Paco Sedano de Móstoles acoge a más de 400 personas desalojadas por el incendio forestal que afecta al suroeste de la Comunidad de Madrid. La mayoría procede de Fresnedillas de la Oliva y Cadalso de los Vidrios.

El pabellón Paco Sedano de Móstoles se ha convertido en un improvisado hogar para los evacuados por el incendio forestal que asola el suroeste de la Comunidad de Madrid. Sobre las camas de campaña instaladas por la Unidad Militar de Emergencias (UME) se acumulan mochilas, peluches, correas de perros y cargadores de móvil. La incertidumbre sobre qué pasará con sus viviendas es el sentimiento dominante entre los desplazados.

El Ayuntamiento de Móstoles ha llegado a acoger a unas 400 personas desde el viernes, principalmente de Fresnedillas de la Oliva y Cadalso de los Vidrios. Este domingo permanecían en el recinto alrededor de 175 evacuados. Todos pasaron primero por un triaje sanitario y después por trabajadoras sociales, que revisaron medicación, necesidades especiales y ofrecieron apoyo psicológico. Incluso se habilitó una pequeña farmacia para evitar desplazamientos.

“Físicamente llegaban bien, pero muy desorientados por el shock”, explican fuentes municipales. La tensión se rebaja cuando los evacuados se encuentran con vecinos que han vivido la misma situación. Entre los más pequeños, hay quien ya no quiere marcharse del pabellón porque ha hecho amigos.

Arturo, de 72 años, descansa en una de las filas de camas junto a su mujer y su perro Dinqui. “Vinieron a avisarnos cuando estábamos en casa, en Colmenar del Arroyo. Íbamos a coger un autobús, pero nos dijeron que no aceptaban mascotas. Así que cogimos el coche y nos vinimos nosotros”, recuerda. Después de tres días fuera de casa, el cansancio pesa más que el miedo. “No sé ni en qué día vivo. Aquí nos están tratando muy bien, pero no dormimos y ya estamos hartos. Queremos volver”. Sus hijas viven en Madrid, pero en pisos pequeños: “No vamos a molestarlas. Nos quedaremos aquí hasta que nos digan que podemos regresar”.

La incertidumbre es la palabra que más se repite entre los evacuados. Agustín, de 75 años, llegó desde Cadalso de los Vidrios junto a María, su hija y sus nietas. “Da mucha pena no saber cómo estarán nuestras casas y ver cómo se destruye el monte. Solo queda confiar en quienes están luchando contra el fuego”.

María revive todavía los diez minutos que tuvo para abandonar su vivienda. Estaba viendo las noticias del incendio cuando comenzaron los rumores de una posible evacuación. Sus hijas estaban fuera; fue llamando a familiares, reunió a nietos y a su hermana y salió la última de casa. “Cogí la comida del perro y dos cambios de ropa interior. Era como una película de terror. Veías a la gente correr por las calles y a la Policía con los megáfonos diciendo que nos fuéramos”. La alerta oficial del móvil llegó cuando ya viajaban hacia Móstoles.

Habla emocionada del trato recibido: “Este sitio es maravilloso. Nos están tratando extraordinariamente bien”. Pero la tranquilidad dura poco. Su hijo permanece confinado en San Martín de Valdeiglesias con su mujer y su nieta. Mientras conversa, un familiar le enseña el teléfono y le comenta que el fuego vuelve a reactivarse en otra zona. María guarda silencio unos segundos, se levanta y rompe a llorar. “Necesito salir a respirar porque no saber cuándo va a parar me tiene mal”.

No todos logran contener la angustia. Tamara, hija de María, apenas puede hablar entre lágrimas: “Como suba el fuego a nuestras casas, a tomar por culo”. Su mayor preocupación no es la vivienda, sino su hermano, que permanece fuera del pabellón. “Si estuviera aquí y lo hubieran evacuado estaría mucho más tranquila”.

Agustín intenta sostener el ánimo de quienes le rodean. Cree que hay que confiar en los medios desplegados para extinguir el incendio, aunque también aprovecha para reflexionar sobre la pérdida del entorno natural: “No sé qué legado vamos a dejar. No estamos cuidando el planeta”. Poco después se emociona al hablar de la solidaridad encontrada estos días. “No hemos elegido salir de casa. Dormir aquí es raro, con gente que no conoces, algunos roncan… pero hay que agradecer todo lo que están haciendo por nosotros. Las trabajadoras de limpieza, Protección Civil, Cruz Roja… Ese es el lado bueno de la humanidad”.

Nuria, de 48 años, apenas llevaba dos meses viviendo en Fresnedillas de la Oliva cuando el incendio cambió por completo su rutina. “No esperaba esto tan pronto. Salí con lo puesto y ahora solo espero que mi casa esté bien”, relata.

El pabellón Paco Sedano sigue siendo el principal punto de acogida para los evacuados, mientras los equipos de extinción continúan trabajando para controlar el fuego. Las autoridades recomiendan a los desplazados permanecer atentos a los avisos oficiales y no regresar a sus domicilios hasta que se garantice la seguridad.

Naia Valverde

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Naia Valverde

Redactora

Periodismo por la Rey Juan Carlos y el móvil siempre a punto de sonar. Duerme con el escáner encendido, desconfía del hombre del tiempo y madruga sin quejarse (mucho); cubre sucesos, sanidad y lo que preocupa al barrio.